4.956 personas vieron mis publicaciones. Siete dejaron su correo.
Hace una semana empecé un experimento de catorce días: publicar todos los días y medir si eso convierte a alguien que construye software en alguien que además sabe distribuirlo.
Voy a la mitad. Estos son los números, sin maquillar.
Los datos
Cinco publicaciones en siete días. Impresiones en LinkedIn y correos capturados el mismo día:
| Publicación | Impresiones | Correos ese día |
|---|---|---|
| 1 | 1.429 | 1 |
| 2 | 2.904 | 1 |
| 3 | 307 | 3 |
| 4 | 210 | 0 |
| 5 | 106 | 0 |
Total: 4.956 impresiones, 7 correos. Un 0,14%.
El fin de semana no publiqué nada y entraron dos correos más, uno de ellos un sábado a las once de la noche.
Lo que aprendí, y no es lo que esperaba
La publicación que llegó a más gente capturó menos
La número 2 llegó a 2.904 personas y trajo un correo. La número 3 llegó a 307 y trajo tres. Diez veces menos alcance, tres veces más conversión.
Yo tenía una hipótesis cómoda: si nadie se suscribe es porque no llego a suficiente gente. Los datos dicen otra cosa. Llegar a más gente equivocada no es progreso, es ruido con mejor presentación.
Las publicaciones no mueren el día que las publicas
El tercer día miré los números por la mañana y concluí que el canal se estaba cerrando: cada publicación alcanzaba la mitad que la anterior. Escribí esa conclusión. La di por buena.
Esa misma tarde, la publicación número 2 pasó de 437 a 1.686 impresiones. Tres días después de publicarse. Hoy va en 2.904 y sigue subiendo.
Mi error fue comparar publicaciones de edades distintas como si fueran comparables. Comparé una de tres días con una de cuatro horas y saqué una conclusión sobre el canal. Tres conclusiones, de hecho, y las tres eran falsas.
Ahora tengo una regla: una publicación solo se compara con otra a la misma edad, y esa edad son 72 horas. Antes de eso los números se anotan, no se interpretan.
Suena obvio escrito así. No lo fue a las siete de la mañana con un dato nuevo en la pantalla y ganas de entender.
Estaba midiendo dos embudos distintos como si fueran uno
Este es el que más me costó ver.
Calculé que perdía el 99% de la gente entre la publicación y mi blog, y encadené: impresiones, luego visitas al blog, luego correos. Con esa cadena, el cuello de botella estaba clarísimo en el primer salto.
El problema es que quien se suscribe nunca pasa por mi blog. El formulario vive en otro dominio. Encadené dos rutas separadas y le puse una flecha en medio.
El resultado de fondo no cambia: 4.956 impresiones para 7 correos sigue siendo malo. Lo que cambia es que ya no sé dónde se pierde la gente, que es exactamente el dato que creía tener.
Medir mal se parece mucho a medir. Esa es la trampa.
Lo que cambio para los próximos siete días
Una sola cosa a la vez, con la hipótesis escrita antes de publicar.
No voy a sumar canales. La tentación era irme a otra red a buscar audiencia nueva, y con 4.956 impresiones ya alcanzadas ese diagnóstico no se sostiene: el alcance no es el problema. Sumar canales habría multiplicado un embudo roto.
Voy a arreglar la medición antes de tomar cualquier decisión sobre el contenido. Si el instrumento está torcido, cambiar el contenido es adivinar con más pasos.
Y voy a seguir publicando los catorce días, aunque los números no acompañen. Terminar el experimento es el experimento.
Por qué publico esto
Podría esperar al día catorce y contar solo la parte que salga bien.
No me sirve. Llevo quince años construyendo cosas que funcionan y no vendiendo ninguna, y la razón no fue técnica: fue que nunca me obligué a mirar los números que decían que algo no estaba pasando. Publicarlos a mitad de camino, con dos errores propios incluidos, es la forma más barata que conozco de no volver a hacerlo.
Faltan siete días. Los números están arriba y en una semana voy a publicar los que salgan, sean los que sean.
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