Más contexto no es mejor contexto

Le di a un agente acceso completo al repositorio para que arreglara una función de tres líneas.

Leyó veinte archivos. Y me devolvió una solución impecable que respetaba una convención que habíamos abandonado meses antes, en un archivo que ya nadie tocaba.

No falló por falta de información. Falló porque le di demasiada.

El error de intuición

La intuición dice que un agente que se equivoca necesita más contexto. Es la misma intuición que aplicamos con las personas nuevas: si no entendió, le mando otro documento.

Con agentes es medible, y el resultado es incómodo. Cuanto más metes en la ventana, más compite cada instrucción con todas las demás. Un archivo obsoleto que sigue en el repositorio no se ve obsoleto desde adentro: se ve como una fuente más, con el mismo peso que la buena.

El contexto no es un almacén. Es un presupuesto. Y todo lo que entra desplaza algo.

Estas son las cuatro reglas que escribí para administrarlo. Están en producción en mi sistema y cada una nació de un fallo concreto.

1. Carga por dominio, no por si acaso

Mi sistema tiene ocho consejos de decisión: estrategia, negociación, liderazgo, marketing, arquitectura, inversión, relaciones, startup. La regla dice que ante una solicitud se clasifica el dominio y se carga solo el consejo que corresponde.

Suena a optimización de costo. No lo es.

El fallo que previene: cargados los ocho, una pregunta de arquitectura recibe una respuesta contaminada por marcos de negociación. No es que el agente mienta. Es que responde con lo que tiene a mano, y le pusiste a mano cosas que no pediste.

La versión humana: la reunión donde invitaste a todos por si acaso, y ahora opina todo el mundo sobre algo que solo entienden dos personas.

2. Una fuente canónica por dato

Los números financieros viven en un solo archivo. Ningún otro documento los repite: enlazan.

Cuesta disciplina, porque duplicar un dato es más cómodo que buscarlo.

El fallo que previene: el mismo número en dos lugares con dos valores distintos. El agente no tiene forma de saber cuál está vigente, así que elige uno —normalmente el que leyó último— y construye todo el razonamiento encima. Un dato duplicado no es redundancia. Es una bomba de tiempo con dos respuestas correctas.

3. Marca el estado de lo que sabes

Cada afirmación relevante lleva una etiqueta: HECHO, INFERENCIA, SUPUESTO o EVIDENCIA PENDIENTE.

Cuatro palabras. Es la regla más barata de todas y la que más me ha ahorrado.

El fallo que previene: que una suposición de hace tres semanas se lea hoy como un hecho establecido. El texto plano no distingue entre lo que comprobaste y lo que asumiste un martes con prisa. Sin las etiquetas, tu sistema acumula certezas que nunca verificó, y el agente las hereda todas con la misma confianza.

4. Una sola cosa mutable, y que se sepa cuál

En mis documentos operativos hay exactamente una sección que se reescribe: la de pendientes abiertos. Todo lo demás se agrega, nunca se edita. La historia vive en un archivo aparte donde solo se añade al final.

El fallo que previene: dos fallos, en realidad. Que el estado actual haya que reconstruirlo leyendo diez entradas viejas en orden. Y que corregir el estado actual reescriba silenciosamente lo que creías la semana pasada, que es justo la información que necesitas para saber si estás mejorando.

Separar lo que cambia de lo que se acumula es, probablemente, la decisión de diseño que más rinde en un sistema con agentes.

Lo que en realidad estaba resolviendo

Escribí estas reglas para agentes. Después noté que llevaba años necesitándolas para personas.

El onboarding que entrega cuarenta documentos el primer día no está transfiriendo conocimiento; está transfiriendo el problema. La persona nueva tiene que averiguar cuál de esos cuarenta sigue vigente, y no tiene forma de saberlo. Igual que el agente.

La diferencia es que la persona nueva no te lo va a decir. Va a asumir que el problema es suyo.

Con el agente el fallo aparece en cuatro minutos, es reproducible y te obliga a escribir la regla. Esa es la parte que no esperaba de trabajar con ellos: te hacen explícito lo que en un equipo humano puedes dejar ambiguo durante años sin que nadie proteste.

El contexto no era el recurso abundante. Nunca lo fue. Solo que con personas nadie te manda el error.

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